Cecile

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Llegaba tarde a casa. El sol se había puesto hacía ya unas horas y todo estaba sumido en la oscuridad. La casa, como siempre, estaba envuelta en las tinieblas más profundas. Así le gustaba a ella, le molestaba la luz fuerte y prefería no encender lámparas ni otras fuentes de luz que le obligasen a apartar la mirada.

Dejé el abrigo y los guantes sobre una silla y las llaves de casa sobre la mesa. Busqué un candelabro con velas que encender para poder maniobrar en la oscuridad. Mientras lo hacía, unos ojos me vigilaban en la oscuridad, encendidos cual bestia rabiosa y un pesado aliento acechaba tras ellos. No me giré, sabía quien era y no me importaba. O más bien, en lugar de asustado, me sentía aliviado de saber que aún seguía allí.

De pronto se echó sobre mí. Sus piernas se agarraron con fuerza a mi cintura y sus brazos a mi pecho. Me sentía aprisionado por una fuerza sobrehumana. Su brazo izquierdo me cogió la cabeza y me la apartó, mientras se acercaba jadeante a mi cuello. Sentí como lamía mi cuello, como arrastraba su lengua buscando el calor. Sus dientes rozaron mi piel y noté como el pelo se me erizaba. Estaba excitado, pero también tenía cierto miedo. Si una sola gota de mi sangre hubiese brotado de mi en ese momento, mi vida podría haber llegado a su fin en cuestión de segundos.

Noté como su respiración se aceleraba. Un momento de debilidad, sus piernas y sus brazos se soltaron levemente. Me dí la vuelta como pude y la agarré por sus caderas empujándola contra una pared. Aún sabiendo que mi fuerza era menor que la suya, cogí sus brazos e intenté levantarlos y atraparlos contra la pared. Imité sus movimientos, lamiendo su cuello lentamente para, seguidamente, hacer lo que ella no se atrevió a hacer. Hundí mis dientes en su cuello y los apreté con fuerza. Ella cerró los ojos y gimió de placer, liberó sus brazos de mi presa y se abrazó a mi pelo.

Apoyé mis manos sobre sus mejillas, mirándola directamente a los ojos y acercando mi nariz a la suya. Aún con la tenue luz, podía ver sus pupilas dilatadas, mirándome delante de sus ojos rojizos. Sus mejillas estaban frías como de costumbre, contrastando con el calor de mis manos.

– Cecile… – le suspiré mientras besaba continuadamente sus labios – Si tienes hambre, ¿por qué no lo haces? – continué la alfombra de besos hacia sus mejillas y subí para asir con mis dientes el lóbulo de su oreja. Ella se agarró más fuertemente a mi cabeza, mientras mis manos bajaban a sus muslos para acariciarlos.

– No puedo… – dijo entre gemidos – Te quiero demasiado. No puedo desearte una vida como la mía. – Sus manos se deslizaron hacia mi cintura, para luego introducirse por mi ropa y acariciarme la espalda. Yo continué con insistencia mordisqueando su oreja e introduje mi lengua por su oído para oír un suspiro. Después me acerqué de nuevo a sus labios y dejé caer un pesado beso sobre ellos. Ella dejó escapar pesadamente todo su aliento y apretó fuertemente sus labios contra los míos.

Mi lengua se deslizó hacia el interior de su boca buscando la suya. Encontré sus colmillos, fríos y afilados, que me recordaban insistentemente quien era la mujer que estaba conmigo. El peligro de rozarlos por donde no debía me excitaba aún más. Al fin encontré su lengua, deslizándose sobre la mía e iniciando un baile alrededor de ésta. Húmeda y de las pocas calientes en el cuerpo de ella, luchaba insistentemente contra la mía para hacerse un hueco en mi boca y colarse hasta mi garganta. Me excité terriblemente y apreté fuertemente mi cuerpo contra el suyo para que pudiera sentir mi entrepierna.

Me soltó, me miró directamente a los ojos y me dedicó una sonrisa burlona. Mientras, su mano se deslizaba dentro de mis pantalones, buscando la entrepierna y acariciándola. No pude sino cerrar los ojos y soltar un suspiro.

La agarré con fuerza de la cintura y le di la vuelta de cara a la pared. Mis manos agarraron con fuerza sus nalgas subiendo hacia arriba y mis labios se pararon en su cintura esperándolas. Empecé a subirle la ropa mientras besaba y lamía insistentemente su espalda. Ella se apoyaba contra la pared, respirando fuertemente. Al llegar a mitad de su espalda hice un movimiento brusco, de un tirón conseguí quitarle toda su ropa de cintura para arriba sin que se resistiera. Continué con mis caricias orales hacia su cuello, mientras mis manos rozaban los laterales de su torso desnudo buscando sus pechos.

Cecile se giró de golpe, cogió mi camisa por ambos lados y tiró de ellos sin compasión, sin dejar un solo botón en su sitio. Dejó mi pecho al descubierto y se lanzó sobre él. Extendió su lengua pasando por el cuello directo a mis labios. Al llegar a ellos se volvió a coger con fuerza con brazos y piernas de mi y con sus labios de los míos. Noté sus pezones duros sobre mi pecho e intenté apretarlos todavía más cogiéndome fuertemente de su cuerpo.

Su presa me hizo perder el equilibrio. Caí al suelo pesadamente. Sentí dolor, pero no me importó. Sólo la sentía a ella, sobre mí, jadeando excitada. Mientras lo hacía, volvió a lamerme el cuello peligrosamente.

Con Cecile era siempre así. Sabía que el más mínimo error de ella o mío y al brotar mi sangre ella hundiría sus colmillos en mi, posiblemente desangrándome hasta la muerte. La única salvación en ese caso es que me convirtiera en lo que ella era.

A la mañana siguiente me levanté temprano. El sol debía haber salido ya y tenía hambre. Cecile descansaba en la cama, a mi lado. En esa habitación no corría peligro, ya que no había ventanas. Al levantarme y ponerme un poco de ropa, se despertó.

– ¿Vas a bajar? – preguntó ella, aún medio dormida

– Tengo hambre, no he comido nada desde ayer a mediodía. Voy a ver que hay y volveré a subir – me senté en la cama para darle un beso en los labios – Tú deberías comer algo también o te debilitarás.

– Lo sé, lo sé. Pero ya sabes lo que odio hacerlo en tu presencia. – cogió la ropa de cama y se cubrió con ésta, dándome la espalda. Aquella conversación le seguía molestando tanto como el primer día. Suspiré…

– Sigo sin entender por qué no quieres alimentarte de mi y, si llega el caso, convertirme.

– Te lo he dicho miles de veces, – su seriedad ante aquello era evidente. Aunque sabía que medio dormida y debilitada por no haber probado sangre la noche anterior, no tenía fuerzas para enfadarse. – me odio a mi misma por lo que soy. No quiero verte a ti igual. – se acurrucó aún más en las sábanas.

– Al menos podrías dejarme elegir – dije para mi, sin que me oyera, mientras salía de la habitación.

Era lo único que me entristecía en mi relación con Cecile. Me quería demasiado y, al mismo tiempo, odiaba al monstruo en que se había convertido. Me quería hasta el punto de protegerme de aquel mal en contra de mi voluntad. Y aquello para mi solo era una losa más grande que el dolor del que ella pretendía evitarme. Si quieres a alguien déjalo libre, incluso si su decisión lo conduce hasta su perdición. Pero aquello supongo también implicaba dejar a Cecile pensar como quisiese, incluso cuando aquello llenaba mi relación con ella a veces de más tristeza que alegría. Si hubiese sido capaz de convertirme a mi mismo, lo hubiese hecho, pero dado que era Cecile quien debía hacerlo ahí quedaba todo. Debía aceptar que no quería convertirme tanto como ella hubiese tenido que aceptar que yo quería ser convertido.

Mi trabajo me permitía salir tarde de casa y llegar después de anochecer. De ese modo podía pasar más tiempo con Cecile. Antes de salir, me quedaba un rato mirándola, durmiendo en la cama.

Aún después de haberse alimentado, en las horas en que el sol estaba más alto, se encontraba muy débil y dormía profundamente. A esas horas pocas cosas la hubiesen despertado. Muchas veces, destapaba todo su cuerpo de entre las sábanas y me quedaba un rato observando como dormía. Su cuerpo, aunque pequeño, escondía la fuerza que la bestia que ella era le proporcionaba. Su piel pálida contrastaba fuertemente con sus carnosos y rojos labios y con sus sonrosados pezones. Respiraba silenciosamente y se movía de vez en cuando. Besé sus labios y la volví a tapar con las sábanas. Después del trabajo volvería.

Aquella tarde volví pronto, apenas estaba anocheciendo aún. Me comporté como de costumbre, dejé todas mis cosas en la cocina y busqué una fuente de luz que encender. Pero aprovechando que pensaba que Cecile no habría bajado aún a recibirme, busqué algo de comer en la despensa.

Estaba buscando un cuchillo para cortar el pan que había comprado a media mañana, cuando ocurrió. Me corté el dedo con un cuchillo afilado guardado en el cajón. Las gotas de sangre empezaron a sangrar de la herida poco a poco. Miré la herida un momento y me apresuré a lavarla y a parar la hemorragia en el pequeño corte. Si ella olía la sangre se volvería loca y era algo que quería evitar, prefería, pensase lo que pensase, no hacerle pasar por aquel mal trago.

Cuando terminé, ya había oscurecido por completo y Cecile no bajaba. Me preocupaba y me temía lo peor, así que subí al dormitorio.

Cecile estaba en un rincón, de cara a la pared y hecha un ovillo. Temblaba considerablemente. Me miró al entrar, tenía una mirada de horror en sus ojos, abiertos de par en par y con las pupilas completamente dilatadas.

– No… – dijo con terror a duras penas mientras hablaba con esfuerzo. – vete… – la tristeza que me provocaba aquella situación era inmensa. Me acerqué a ella y la abracé fuertemente, apoyando mi cabeza en su espalda desnuda.

– ¿Por qué te empeñas en vivir sola esta pesadilla? – no pudo responder, temblaba demasiado y se puso a sollozar. Aún cuando respetaba su forma de pensar, no pude más, verla en ese estado me alteraba demasiado y no podía seguir, así que le facilité las cosas.

Abrazado como estaba acaricié con mi mejilla su hombro y su cuello hasta llegar a tocar la suya. Mi cuello estaba extendido a su lado. No pudo resistirse más. Con un rápido movimiento, se abalanzó sobre él y clavó con furia sus colmillos afilados. Sentí como se clavaban, un sonido seco, algo desagradable, pero sin dolor alguno. Me sentí excitado por aquella situación y agarré su cabeza mientras sentía que mi sangre emanaba. Poco a poco fui perdiendo el sentido.

Al despertar me sentía débil, atontado y frío. Estaba tumbado en la cama y Cecile estaba a mi lado, de rodillas sobre ésta, completamente desnuda. Me miraba con una sonrisa triste, arrepintiéndose de lo que había hecho. Poco a poco recobraba mis fuerzas. Empecé a respirar, que me había dado cuenta de que no lo hacía desde que me había despertado.

– No lo necesitas – dijo ella dándose cuenta – Tu sangre ya no transporta oxigeno, tus pulmones ya no resultan útiles. Pero sienta bien hacerlo, como si aún estuvieses vivo.

Lo cierto es que haberme puesto a respirar era extraño. Sentía como si cada partícula de aire rozase mis conductos. Cerré los ojos, sentía mi corazón palpitar levemente, casi imperceptible ahora, y como la sangre fluía hacía cada punta de mi cuerpo, sangre que no era mía, que era de Cecile. La sensación era indescriptible, mis sentidos se había intensificado. ¿Muerto? Parecía que estaba más vivo que nunca.

Me lancé sobre los labios de Cecile para probar con su cuerpo la nueva sensación. Ahora sentía cada curva de sus labios, cada gota de saliva. Era excitante. Ella respondió a mi beso acercándose a mi y, levantando su cuerpo por encima del mio, me abrazó por el cuello y siguió besándome. Yo la sujeté fuerte clavando mis uñas en su espalda. Ahora ella estaba caliente, su temperatura era muy diferente a la de veces anteriores o, al menos, yo así lo percibía. Además ya no sentía la fuerza sobrehumana que tenía siempre, ahora estábamos igualados.

Mi camisa cedió igualmente, Cecile no tuvo tampoco compasión con ésta. Se lanzó sobre mi pecho y lo besó insistentemente. Sus besos ahora eran como gotas de calor sobre mi, subió hasta mi cuello y entonces hizo algo que normalmente no hacía. Me mordió con todas sus fuerzas, clavando sus colmillos en mi cuello. El éxtasis me invadió con aquello. Sentía mi sangre brotar ahora muy lentamente y como su lengua buscaba aquel fluido de vida. Agarré su nuca con fuerza, quedándome casi sin aliento. Mi reacción fue casi instintiva, busqué su cuello y lo mordí con fuerza. Sentí como se estremecía de placer por un momento al hacerlo. Su sangre fluía también lentamente. Subía por mi lengua, caliente, y quemaba mi garganta con una excitación que nunca había sentido antes. Lamí su herida dejando poco más que una sutil marca. Ella hizo lo mismo en el mio y arrastró su lengua hacia mi pecho. Mientras con sus manos arrastró lo poco que quedaba de mi ropa hacia abajo. Le ayudé, tumbándome sobre la cama, mientras ella bajaba hacia mi ombligo con la lengua y con las manos me acababa de quitar toda la ropa.

Con la lengua empezó a trazar círculos sobre mi pubis. Cerré mis ojos extasiado, mientras me venía una erección. Totalmente tumbado en la cama la miré. Estaba de rodillas sobre mi zona púbica, besando, lamiendo y chupando y sonriéndome de vez en cuando. Disfrutaba como una niña con un juguete nuevo. Volví a cerrar los ojos disfrutando de la situación mientras con mis manos le acariciaba el pelo.

No podía más de excitación, la empujé de los hombros y la tumbé en la cama, poniéndome sobre ella. Cogí sus muñecas y sin resistencia conseguí aprisionarlas por encima de su cabeza. Con mis piernas me hice paso entre las suyas. Penetré en su cuerpo de golpe, se arqueó y se levantó por la cintura. Me miró con sus ojos rojos y sus pupilas dilatadas. Sonrió enseñándome sus colmillos de forma maliciosa. Forcejeó para soltar sus muñecas, pero no tuvo éxito, ahora yo tenía más fuerza. Bajé hacia sus labios para meter mi lengua entre sus colmillos, mientras penetraba en ella una y otra vez. Su lengua no me dejó pasar, aún cuando hice bailar la mía alrededor de la suya, me costó entrar en su boca. Apretó sus uñas contra mi espalda y noté como se hundían en mi carne. Con mis manos cogí su cadera y levanté su pierna. Respondió cruzando ambas piernas sobre mi y apretando aún más mi cuerpo contra el suyo. Creía que estaba perdiendo el sentido cuando empezó a gritar y a gemir. Poco después llegué a un éxtasis que no creo haber alcanzado nunca en vida…

Al cabo de un rato estábamos los dos tumbados uno junto al otro. Cecile me miraba divertida, había algo que le picaba la curiosidad.

– Te noto cambiado…

– ¿No debería ser algo normal? – la miré, un tanto desconcertado por aquella afirmación.

– No. Yo no cambié tanto en mi transformación. Hay algo más… Es como si estuvieses más próximo a mi. Como si te mostrases más abierto.

Miré al techo y sonreí.

– Cecile… Por primera vez desde que te conozco siento que estoy junto a ti. Incluso abrazados, nunca había tenido esa sensación. – Me incorporé y puso mi cara sobre la suya. – Además, te habías guardado demasiado lo bueno contigo y sólo pensabas en lo malo de esto. – me sonrió desde abajo. Supongo que se daba cuenta de lo feliz que era yo ahora y de que se había equivocado al decidir por mi. – Tengo un poco de hambre… por desgracia creo que voy a tener que tirar todo lo que hay en la nevera. – ella rió

– No te preocupes, yo tengo en mi “despensa” personal. Aunque es duro acostumbrase, mientras puedes comer de mi – me sonrió de forma burlona mientras me enseñaba el cuello y luego me besó. Y así estuvimos durante lo que pareció una eternidad…

Este relato está licenciado bajo creative commons

La imagen acompañante perteneciente a la serie Blood+ es copyright de su autor.

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Cecile by avangion is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 España License.
Based on a work at degenerados.wordpress.com.

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6 comentarios to “Cecile”

  1. yinchan Says:

    Primera!!!!!! ^.^
    WoooooooW por fin el blog de los Deges ^.^
    Y vaya como se estrena >.< muy wena historia, me encanta ^^
    espero que ayan muxas mas como esta ^.^

    ~☼~Yin~☼~

  2. amechan Says:

    Dos palabras: Me encanta *o*.

    Es genial en serio, me gusta mucho ^^. Ademas salen vampiros ¿se puede pedir mas?.

  3. inochan Says:

    Precioso avan ^^ me encanta como escribes *O*

    Pon mas!!! >.<

    Viva degeneration.cooooooom!!!!

    Gobernaremos!!!

  4. thorkun Says:

    buen texto ^^
    avan, dame powa, que quiero poner yo una historia xD

    sobre mi nick: es lo primero que se me ha ocurrido al registrarme, no tenia muchas ganas de pensar xDDD

  5. avangion Says:

    Hecho Thor, ya eres autor del blog ^^

    Sobre el nick, el que se muestra puedes cambiarlo cuando quieras.

  6. inochan Says:

    Yo tambien quiero, yo tambien quierooo!!!!! me voy a inventar una historia de alienígenas xDDD!!!! aunke… prefiero… no se… erotismo? (se me da bien no se porké xD)
    Protas… ami y avan??? xDDDDD me muero de risa… xDDDD

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